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Venezuela / La oposición esgrime la crisis económica y el desgaste de Maduro

La crisis económica, el desabastecimiento, la inseguridad crónica y los ataques parecen haber conseguido movilizar a los opositores.

La oposición esgrime la crisis económica y el desgaste de Maduro

La oposición venezolana, una galaxia de formaciones políticas de diversa ideología que confluye por fin unida a las elecciones del domingo, se aferra al desgaste de la figura y la gestión del presidente, Nicolás Maduro, para arrebatar al chavismo el control de la Asamblea Nacional por primera vez en 17 años. Durante meses, los sondeos han situado a los críticos con el oficialismo como favoritos para conseguir la mayoría. Los últimos días, y ante la intensificación de la campaña chavista, esa brecha se ha reducido y todo apunta a un resultado ajustado.

La agudizada crisis económica, el desabastecimiento y sus consecuentes colas, la inseguridad crónica y los sistemáticos ataques a los líderes opositores parecen haber conseguido movilizar a una oposición que, generalmente, ha acudido fragmentada a las elecciones. Con esta unidad pretenden no solo ganar en número de votos, algo que ya consiguieron hace cinco años, sino lograr superar la asimetría electoral que favorece al chavismo y hacerse con la Asamblea Nacional.

Hay una constante en la polarizada Venezuela que se repite de un lado y otro: “Maduro no es Chávez”. Una afirmación que va más allá de la aparente perogrullada. La oposición se aferra a ella, pues creen que ese desencanto generará un abstencionismo en las filas del chavismo que les beneficiará. Según la última encuesta de Datanálisis, el 64,6% tiene una opinión negativa de la gestión del presidente y el 89,5% cree que la situación del país es mala.

La Mesa de la Unidad Nacional (MUD), que aglutina a todas las formaciones opositoras salvo un porcentaje reducido de independientes, confía ciegamente en la capacidad de movilizar a su electorado de cara al domingo, pese a que los ataques contra la oposición se han intensificado en las últimas semanas.

La última crítica llegó por parte del alcalde de Sucre, Carlos Ocariz, a quien Maduro criticó por viajar mucho a Estados Unidos cuando, en realidad, las visitas se debían a que tiene un hijo con leucemia que está siendo tratado allí. Ocariz pidió el jueves que se liberara al director de la Policía de su municipio, detenido por su presunta implicación en el tiroteo de hace una semana durante un acto electoral del diputado opositor Miguel Pizarro. Según los presentes, un grupo con camisetas chavistas disparó para reventar la concentración.

Para paliar el desgaste o desencanto —según con quién se hable el término varía— de Maduro el oficialismo sigue invocando a la figura del fallecido Hugo Chávez para tratar de remontar las desfavorables encuentras. “¡Estas elecciones las gana Chávez!”, se hartó de repetir Maduro en el cierre de campaña, de la “batalla rumbo a la victoria perfecta”, en la emblemática avenida Bolívar, que tantas veces colapsó el exmandatario. Un acto en el que volvió a tratar de emular a Chávez cantando y haciendo bromas y en el que quedó plasmado la diferencia de carisma entre uno y otro.

La figura del fundador de la revolución bolivariana es omnipresente y aparece junto a casi todos los carteles de los candidatos oficialistas. En bastiones del chavismo como el 23 de enero, su imagen está presente en cada esquina. Por cada pintada o efigie de Maduro dibujada en una pared hay decenas de los ojos de Chávez, que parecen observar todo lo que acontece.

Sin el comandante. “Son las elecciones más complicadas porque no está el comandante”, asume Víctor Bastida, profesor de Educación Física jubilado, de 57 años, sentado en la Coordinadora Simón Bolívar junto a Frank León, otro chavista convencido.

Ambos votarán por el oficialismo, pero son conscientes de que hay una parte de su electorado que probablemente no se movilice en esta ocasión. “Maduro no ha sabido ser él mismo, ese ha sido uno de sus grandes errores”, comenta Bastida mientras su amigo asiente.

Corrupción, depuración de la policía, la economía… son algunos de los problemas que enumeran, sin dejar de culpar también de ellos a la oposición, a la que critican por obstruccionista. Aún así, conceden: “No podemos seguir en la política del enroque”.

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