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Análisis / Cómo ser mujer agravó los ataques contra Dilma Rousseff en Brasil

Mi padre lloró de pena cuando supo el sexo de su primera hija. Pero tener una madre economista como modelo de vida me ayudó a crecer en gran parte protegida del sexismo de la sociedad brasileña.

Cómo ser mujer agravó los ataques contra Dilma Rousseff en Brasil

Solo me topé con él más adelante, en experiencias profesionales y, sobre todo, en las estadísticas. Por suerte, siempre me he situado en el lado bueno de las mismas.

El anuncio del gabinete del presidente interino Michel Temer, compuesto por 23 hombres blancos, hace difícil desmentir a aquellos que piensan que el nuevo gobierno representa un paso atrás en cuanto a la igualdad de género en Brasil.

Es la primera vez en casi cuatro décadas en que en Brasil se anuncia un gobierno en el que solo hay hombres.

La última vez fue durante la dictadura militar, en 1974.

La ausencia de mujeres en el gobierno es un paso más allá de su ya espantosamente baja representación en la política.

Entre los 81 miembros del Senado que votaron a favor del "impeachment" a Dilma Rousseff, solo 12 eran mujeres.

Una de ellas fue calificada en Twitter como la "mujer del café" por un famoso presentador de televisión.

Regina Sousa, del Partido de los Trabajadores, es también una de las pocas legisladoras negras.

El principal empleo de las mujeres en Brasil es todavía el trabajo doméstico.

Y la mayoría de las trabajadoras no son solo mujeres, sino mujeres negras. Esto explica por qué el comentario sublevó a tantos. Pero no a todos.

La falta de diversidad en las posiciones de poder no es un tema popular en Brasil en momentos como este.

A menudo, los debates sobre diversidad se vuelven objeto de polarización partidista.

Cada vez que BBC Brasil publica una pieza que trata el tema de la desigualdad de género, reciben ataques, sobre todo de hombres, pero también de algunas mujeres.

Miren, por ejemplo, algunas de las respuestas que recibieron en Facebook a una pieza titulada "Todos los hombres del presidente (y ninguna mujer)".

"No se trata del género, sino de las competencias. Y la última mujer con un papel importante en Brasil lo destruyó", escribió un lector joven en nuestra página de Facebook.

"¿Quieren ahora una cuota para puestos de gobierno? En política o en cualquier empresa, la gente tiene que estar ahí por sus competencias y no por un sexismo idiota. Temer es ahora el presidente y tiene derecho a nombrar a quien él crea que es mejor, y no dejarse llevar por las tonterías de la izquierda", escribió otro lector muy joven.

"Necesita partidarios. No puede poner solo a mujeres simbólicas, gente negra e indígena", escribió otro.

"Una mujer con suerte"

Pero no todos apoyan el gobierno de hombres de Temer. "Esto es lo que se esperaría de un presidente cuya mujer es 'Joven, reservada y doméstica" dijo un periodista en referencia al título de un perfil controvertido que se publicó sobre la primera dama de Brasil en la revista más influyente del país.

"Es una mujer con suerte", era la primera línea del texto. La suerte a Marcela Temer la llegó, parece, cuando conoció a su futuro marido.

Ella tenía solo 18 y él, más de 60. Fue su tío quien los presentó en una conferencia del partido.

El hashtag con el título del perfil se convirtió en trending topic en Twitter y Facebook con mujeres, y en menor medida hombres, compartiendo fotografías contrarrestando lo que muchos veían como una celebración de un rol anticuado de diosa doméstica.

Los críticos también denunciaron un supuesto doble rasero de la prensa en su forma de representar a dos mujeres famosas: la que se iba a convertir pronto en primera dama y la primera presidenta de Brasil.

También en el mes de abril, cuando el Congreso le asestó a Dilma Rousseff su primera derrota, emergió otra controversia sobre el género.

Esta vez la presidenta aparecía en la portada de otra revista nacional como una mujer con un ataque de nervios.

En la revista perfilaban a la presidenta como una persona "emocionalmente inestable".

Utilizando una foto de portada en la que parecía que estaba gritando, la presidenta era descrita como alguien que patea objetos, maltrata a los trabajadores y por tanto, es "inestable emocionalmente" para dirigir el país.

"Tomando antidepresivos y con ataques de rabia", decía la pieza.

"Qué forma tan típica de socavar a las mujeres", dijo una conocida feminista, señalando que la descripción contrastaba sorprendentemente con la imagen de Dilma en sus discursos y entrevistas, en las que la ex guerrillera que fue torturada durante la dictadura insistió en que es irrompible y que lucharía hasta el final.

Es la economía...y la corrupción

Es difícil negar que haya sexismo en los ataques contra Dilma Rousseff. Mis grupos de discusión en WhatsApp están llenos de pruebas en este sentido.

Pero reducir la gran insatisfacción que genera Rousseff al sexismo ignora el hecho de que la misma mujer ha sido uno de los presidentes más populares de Brasil en tiempos democráticos.

Su mala gestión de la economía, y la peor recesión desde que existen cifras, así como el escándalo de corrupción en su partido están en el centro de su caída.

"No es la razón, pero claramente la convirtió en un mayor objetivo", dice mi hermana mayor.

Soy la tercera hija y mi padre no lloró cuando nací. Él era producto de una familia de migrantes sirios y solía decir que ellos veían a las mujeres como ganado.

"Pero cuando tenemos un problema, simplemente lidiamos con él", me dijo una vez entre risas.

Mi padre era también un ingeniero electrónico que me introdujo al mundo de los cables.

Yo ya era capaz de instalar extensiones telefónicas desde pequeña, una habilidad poco frecuente en las niñas.

Cuando tenía 22 años, en mi primer mes como reportera económica en un diario brasileño, mi primer trabajo de verdad, me quedé en shock cuando un periodista me susurró al oído: "Voy a comerte entera", y luego volvió tranquilamente a su sitio.

Me quedé petrificada por unos segundos hasta que un sentimiento de profunda humillación se convirtió en ira.

Troné tras él y, frente a una redacción llena, le pedí en voz alta que repitiera lo que acababa de decir.

"Cálmate", me repitió en un tono condescendiente, sorprendido de la reacción de una joven periodista que había sido apodada "Pocahontas" por sus colegas masculinos.

"Eres un cobarde asqueroso", le grité junto con otras cosas. Luego volví, indignada, a mi sitio a terminar una pieza sobre el aumento del desempleo.

Por suerte mis padres me enseñaron a pelear y en esa redacción nunca me volvieron a molestar. Soy una mujer con suerte.

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