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Creer o reventar / La maldición que nació en Tilcara y que persigue a la Selección Argentina

La Selección Argentina lleva 23 años sin ganar un título oficial y la superstición volvió a cobrar fuerza.

La maldición que nació en Tilcara y que persigue a la Selección Argentina

Dirigió a la última selección argentina que se consagró campeona del Mundo, hace treinta años. Asegura que antes de México algunos le discutían la inclusión de Diego Maradona y que en el Mundial México 1986 a los jugadores les hacía practicar hasta el himno. En una entrevista con La Nación, Carlos Bilardo repasó anécdotas, cábalas y rituales del último título mundial. Obsesiones de un hombre que no puede dormir.

Desayunar Coca-Cola y los tachos de basura

¿Qué ritual, de todos los que hacían, cree que de no haberlo cumplido no hubiese salido campeón el equipo en el 86?

La disciplina.

¿La disciplina era un ritual?

Sí. Para mí es fundamental. A las 8, a las 8. A las 9, a las 9. A las 10, a las 10. Cada uno sabe lo que tiene que hacer. Así soy en la vida. Esto lo aprendí en Medicina. Y lo usé después en el fútbol.

Pero en México 86 hacían cosas como desayunar Coca-Cola.

Pero eso no es problema: bebida sin alcohol no pasa nada.

Tapia esperaba que Pumpido le pidiera una crema. Al mismo tiempo usted visitaba a Brown y le tomaba prestada la pasta de dientes. ¿Para qué sirven las cábalas?

Las cábalas no sirven, pero ayudan (ríe). Por eso es el día de hoy que tengo cábalas. Por ejemplo, para ir a la facultad de Medicina tenía que tomar un colectivo y después el subte; iba en el segundo vagón. Siempre. Bajaba en Corrientes, tenía que ir hasta Córdoba, Pasteur.

¿Y si no había lugar en el segundo vagón?

No, no; tenía que ser ahí. Iba después hasta Córdoba y mirá vos qué loco: en todas esas calles en esos momentos había unos tachos de basura que tenían unas tapas, ¿viste? Y estaban siempre en el suelo. Se conoce que el que tenía el recorrido levantaba los tachos y dejaba la tapa por ahí. Yo iba y tenía que poner por lo menos cinco tapas, cinco.

¿Qué pasaba si ponía cuatro?

No, tenían que ser cinco. Me volvía loco.

¿Hasta que no encontraba la quinta no paraba?

Tenía de Corrientes hasta Córdoba. Encontraba.

¿Y más de cinco?

No, cinco. Ahora, ¿por qué? Qué sé yo. No ayuda nada. Pero yo creo en eso.

¿Hubo alguna cábala rota en 1990?

Que se haya roto, no. Cuando no se dan me vuelvo loco. Por ejemplo yo tengo que ir de acá a Flores. Ocho cuadras. Y hay semáforo, semáforo, semáforo. Verde. Si agarro un colorado ya me pongo mal. Voy despacito, despacito, despacito hasta que venga el verde.

"Me hicieron juicio por decir que alguien era mufa"

Batista y Burruchaga llegaron a pensar que usted los había dejado de poner por cábala. ¿Decidió alguna vez por cábala antes que por estrategia de juego?

No. Jugador nunca. Este es el mejor, este es el mejor. Otras cosas sí, pero por cábala un jugador, no. Juega el mejor. El que esté mejor. Más te digo; que te sirva a vos y a los lectores: a mí me hicieron un juicio por decir que una persona era mufa. Yo no sabía. Me hicieron juicio. En un medio dije "éste es mufa". Me citaron y me hicieron juicio, "¿usted dijo esto? No se puede decir que una persona es mufa". ¿Ah no? No sabía. Nunca me lo enseñaron, mire que estudié, dije. Hoy me entero aquí que no se puede decir. "No se puede decir que una persona es mufa porque puede perder el trabajo, la familia." Bueno, perdóneme, no sabía.

¿Tuvo que pagar?

No, tuve que declarar en los medios, decir "me equivoqué, dije mufa pero estoy arrepentido".

¿Sobre quién era?

No me acuerdo.

La verdad sobre Tilcara

En Tilcara, donde hicieron la preparación previa al viaje a México, ¿no había cancha de fútbol? "Es un problema secundario", decía usted en su libro Así ganamos (editado en 1986).

Había, pero no era "la cancha". Pero era bueno porque estaba lejos, la gente de Tilcara era buena, estábamos muy bien, en la calle nos recibían bien. Nos dieron todo, todo. Aparte ayudaba a lo que yo quería. Probar la altura y el clima. Que se iba a dar después en el Mundial.

Allí dicen que la maldición -de no salir campeón- sigue porque no volvieron a Tilcara. Brown y Batista volvieron en 2011. ¿Usted volvió?

No. Ayer casualmente, mirá cómo son las cosas. ¡Gloria! Vení, vení un minuto.

[Se escuchan los pasos de Gloria, su mujer, desde la cocina. Se acerca al living]

Bilardo: ¿Qué te dije yo ayer, cuando salió el tema Tilcara?

Gloria: Que vos no hiciste ninguna promesa.

Bilardo: ¿Pero aparte, qué dije?

Gloria: Ay, no me acuerdo.

Bilardo: Te dije "por ahí voy". Nunca nunca prometimos nada, pero hubo un vivo en Tilcara, o vivos, que largaron el rollo y se hizo un rollo. Entonces Tilcara se nombra, se nombra, se nombra, se nombra y tenés que salir campeón del mundo para que se deje de hablar. Nunca prometí nada. Yo todo lo que prometí, lo hice. Prometí esto, lo hice. Prometí esto, lo hice. En Tilcara yo iba a misa a la tarde. Terminábamos el entrenamiento y a las 6, 6.30 iba a misa de una iglesia linda, que estaba cerca del hotel. Y no prometí nunca.

¿Le pidió algo a la Virgen de Tilcara?

Todo. A toda iglesia le pido salud, que estén bien mis amigos y que esté bien mi familia.

¿Va a volver a Tilcara?

Si voy no le digo a nadie. Un día caigo allá, y caigo. Voy a la iglesia. Pero no porque lo prometí: no lo prometí.

¿Por qué lo haría entonces?

Para ver. Porque me trataron muy bien. Para ir a ver. Sin saludar: voy, llego al aeropuerto, voy a la iglesia y me vengo.

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