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cultura / ¿Tiene sentido leer a Marx en el siglo XXI?

Tras la caída de la Unión Soviética a finales de los 80, los textos del filósofo alemán perdieron relevancia en el análisis y la actividad política. Ahora, es reivindicado por los populismos latinoamericanos y europeos. El experto Horacio Tarcus explica el fenómeno.

Cuando en 1983 se cumplía el centenario de la muerte de Marx, Manuel Sacristán se preguntaba qué Marx se leería en el siglo XXI. La pregunta del filósofo catalán contiene dos presupuestos de enorme significación para nosotros.

El primero, que el clima de antimarxismo dominante en la década de 1980 (y que se extendió a los años posteriores al derrumbe de los "socialismos reales") era un fenómeno acotado; así, daba por sentado que Marx seguiría leyéndose en el siglo XXI. Tan sólo por la notable proliferación contemporánea de reediciones de su obra, comprobamos hoy que el de Sacristán fue un pronóstico certero.

Podemos añadir que el Marx del siglo XXI es un Marx liberado de la pesada hipoteca del siglo pasado, cuando se lo consideraba el responsable intelectual de los comunismos reales del siglo XX. El desprestigio de estos "ismos" nacidos en el siglo pasado, la desaparición de los centros de codificación y edición del "marxismo" (Moscú o Pekín), el descrédito de los manuales de "marxismo-leninismo" y de las interpretaciones canónicas que culminaban en el triunfo inexorable del comunismo, con sus líderes infalibles y sus Estados guía, arrastraron en un primer momento a Marx y su obra.

Sin embargo, Marx volvió a emerger de entre los escombros del Muro de Berlín. No el mismo Marx, claro, sino el Marx del siglo XXI del que hablaba Sacristán: un Marx más secularizado, menos sujetado a las experiencias políticas y los sistemas ideológicos del siglo XX.

La narrativa dominante en los años ochenta –que sin más veía en el autor de "El capital" al padre de la criatura, considerando que de Marx a Stalin y al gulag no había más que una línea necesaria de desarrollo– se debilitó a fines de siglo. Las preguntas sobre el fracaso de los "socialismos reales" comenzaron a dirigirse a la obra del propio Marx, y aunque el filósofo de Tréveris no ofrecía, como en el pasado, una respuesta a cada interrogante, el siglo XX concluyó con la esperanza de "volver a Marx", de encarar un Marx "sin ismos". Incluso admitiendo que su profecía acerca de la emancipación humana había fracasado, el mundo globalizado de comienzos del tercer milenio era asombrosamente parecido al descrito en el Manifiesto Comunista.

La nueva crisis mundial que estalló en 2008 vino a recordarnos que al menos el diagnóstico crítico de Marx sobre la dinámica de expansión del capitalismo, con sus crisis periódicas y con su carga de miseria, exclusión y violencia sistémica, permanece vigente. Las reediciones de "El capital" se reactivan entonces en todo el globo, y el nuevo best seller en materia económica que muestra la relación entre aumento de la tasa de acumulación del capital y crecimiento de la desigualdad se titula justamente El capital en el siglo XXI.

Así, aunque de otro modo, seguimos leyendo a Marx. El segundo presupuesto de la pregunta de Sacristán sostiene que cada época histórica recompone el corpus de las obras legadas por un autor conforme lo aborda con renovados interrogantes. Ciertas obras, canónicas en un tiempo histórico, pasan en otro a un segundo o tercer plano, mientras que otras, laterales ayer, ocupan hoy el centro del canon de lectura.

Fuente: Infobae 

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