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Secretos de estrellas / Sexo, drogas, rock and roll… y algo más: las intimidades de los reyes de la música

¿Saben ustedes que Elvis Presley odiaba el olor de su cuerpo? ¿O que George Harrison se acostaba con la mujer de Ringo Star?

Sexo, drogas, rock and roll… y algo más: las intimidades de los reyes de la música

Elvis Presley odiaba el olor de su cuerpo. Con tanto peso, sudaba y sudaba y utilizaba litros de colonia como si fuera agua. También había perdido su gusto por la ropa e incluso perdió interés por grabar nuevas canciones. El cantante decía que uno de sus sueños incumplidos era no haber podido pasear nunca a su hija Lisa Marie en su carrito de niña por la calle o invitarla a un helado en su cafetería favorita. Elvis quería huir, escaparse. Estar solo. En los últimos años le había dado por el misticismo, con un sentido aberrante de la necrofilia. Tanto que en ocasiones visitaba de madrugada la morgue de Memphis para documentarse sobre el embalsamamiento de cadáveres. Seguro que ustedes desconocían todos estos detalles íntimos del ídolo de jovencitas y no tan jóvenes que acumuló hits en las listas de los discos más vendidos durante años. Todos estos detalles íntimos los cuenta el productor y periodista Julián Ruiz en su nuevo libro ‘El sargento Pepper no estuvo allí’, editado por Libros Cúpula. En las más de 300 páginas, el autor novela la ‘intrahistoria’ de más de 50 músicos tras codearse durante años con ellos y nos permite conocer el lado más íntimo de las estrellas de rock.

Cuenta el autor los detalles detrás de la canción ‘Layla’ de Eric Clapton y la pasión ciega que sentía el cantante por Pattie, la mujer de George Harrison, que se había casado con él cuando solo tenía 20 años. La noche del 13 de septiembre de 1969 Clapton había tocado en el estadio de Toronto. Fue directamente a por Pattie mientras John sostenía una discusión con George. “Lennon acusaba a Harrison de haberse convertido en un pervertido y de cometer incesto. George se había acostado varias veces con Maureen, la esposa de Ringo. Pattie tuvo casi que sacarlos de la cama una noche en que se habían acostado en una de las habitaciones de Friar Park. John siempre decía que George era un farsante. Mucho rezo espiritual, mucho Maharishi, pero era otro pervertido como el Maharishi Yogi, con el que habían estado en la India el año anterior”, relata el autor. “El paso hacia el triángulo amoroso lo dio pocas semanas más tarde. Clapton y Harrison tenían que tocar en Liverpool. Pattie se llevó a su hermana pequeña, Paula, de tan solo 17 años. Tras el concierto en el Empire, Harrison le sugirió que se acostara con su mujer y que él se quedaba con Paula, que le ponía muy cachondo. George se rajó y Eric, al final, pasó la noche con la teenager”. A los pocos días, Paula se instaló en la mansión de Eric. Clapton se refugió en la música y el coñac e inició su coqueteo con la heroína. Estaba harto de su fama. Fue el escritor Ian Dallas quien le entregó un libro que narraba la desesperada historia de un hombre enamorado de manera enfermiza de una mujer llamada Layla casada con un hombre poderoso. Clapton encontró en esa historia la vía de escape de su tortura y ahí empezó el éxito de una canción que se ha convirtió en un gran tema de rock.

También dedica el autor páginas a cómo Yoko Onomantuvo encerrado cinco años a John Lennon en las siniestras habitaciones del séptimo piso de Dakota dondeRoman Polanski había rodado ‘La semilla del diablo’. “Le mantenía como a un recluso, haciendo pan y cuidando a Sean Ono. Lennon quería volver al mundo de los vivos con un nuevo álbum pero le mataron”, narra el escritor que también se hace eco de la influencia de Yoko en un incidente de Paul McCartney. Once meses antes del asesinato de John, Paul y Linda McCartney aterrizaron en el aeropuerto Kennedy de Nueva York. Paul quería ver a su viejo amigo John, pero Yoko lo impidió. Paul le contó que habían reservado la suite presidencial del Hotel Okura de Tokio, el favorito de John y Yoko. “Contarle a Yoko que iban a estar alojados en la suite donde había vivido con John era muy peligroso. Yoko es una maniática resentida y decidió que, si Paul ocupaba esa suite, toda la magia habría acabado para ella y John. Nadie puede revelar la conversación telefónica en japonés que Yoko tuvo con un interlocutor desconocido. Ella tenía un sobrino en la Oficina de Aduanas. Cuando Paul llegó al aeropuerto un oficial de aduanas tomó una de sus maletas y la abrió. Encima de la ropa había una bolsa de plástico con 219 gramos de marihuana como si este supiera lo que iba a encontrar”. Paul alegó que era un error, pero nadie le creyó. El 'beatle' tuvo que pasar varios días en la cárcel en una celda de dos metros por cuatro con un convicto de asesinato como compañero.

Los secretos de la canción Je t’aime... moi non plus

Corría 1967. El compositor Serge Gainsbourg estaba desesperadamente enamorado de Brigitte Bardot. “Una de esas tardes de amor y lujo, Serge convence a Bardott de que grabe una canción perfecta de amor con él. El tema se llamaba ‘Je t’aime... moi non plus’ y le explica que deben cantarla como si estuvieran haciendo el amor. Brigitte le dice que sí. Dos días más tarde graban el tema en el estudio B de las salas de grabación de Barclay. Al parecer, se estuvieron masturbando para lograr gemidos y susurros sexuales que fueran reales. Gainsbourg estaba eufórico y fueron a un famoso restaurante parisino para celebrarlo. Presumía de haber grabado una canción para hacer el amor con el más impresionante símbolo sexual de toda la historia de Francia”. El escándalo estaba servido. Gunter Sachs, el marido de Brigitte, amenazó con los tribunales mientras Bardot pidió que no publicara el disco. 86 días duró su affaire con la Bardot. Jane Birkin grabaría después la canción que se convirtió en un éxito hasta que muchos años después Bardot aceptó que se publicara su versión a cambio de que los beneficios fueran para su asociación de defensa de los animales.

Je t’aime... moi non plus

Elton John siempre le pregunta por el Real Madrid, su equipo fetiche, y repite y repite que Florentino Pérez es bastante más caprichoso que él a causa de los fichajes. “El de Bale le pareció una locura. Es un fanático del fútbol. Su padre llegó a jugar en el Nottingham y él fue presidente del Watford, aunque siempre dijo que aquello fue una ruina. Siempre tiene una buena frase sobre la infanta Margarita, la hermana de Juan Carlos I y su amiga. Jamás perderá su peculiar adrenalina con la vida. Jamás rehuirá la verdad. Es Elton John, una persona que nunca será vieja hasta que los remordimientos ocupen el lugar de sus sueños, algo harto difícil”.

El día que Tina Turner dijo basta

Que Tina Turner e Ike tuvieron una relación sembrada de palizas, violencia y desesperación es sabido. ¿Cuándo se decidió ella a poner el punto y final a aquella vida? Todo cambió el 2 de julio de 1976. De camino al aeropuerto de Los Ángeles se inició el gran combate final entre la pareja. Ike le ofreció una chocolatina a Tina. “Tina, que llevaba un hermoso traje de Yves St. Laurent, se negó. Ike le pegó un sopapo, pero en contra de lo que siempre ocurría, Tina repelió la agresión. Él se volvió loco. Empezaron a pegarse, con bocados incluso por parte de ella. Así hasta que llegaron al aeropuerto. Iban rumbo a Dallas, donde tenían que actuar en el Hotel Hilton. Ike le causó dos brechas en la cara. Tuvieron que utilizar varios pañuelos para contener la hemorragia. El traje blanco de St. Laurent estaba teñido de rojo. Una vez en la suite del hotel,Ike empezó a atizarle de nuevo. La amenazó, le dijo que jamás en su vida se atreviera a levantarle la mano al que era su hombre. Asustada, tiritando, entre lágrimas y desesperación, se acurrucó en posición fetal en un sofá. Y esperó la gran evasión”, relata el autor.

Tina sabía que su marido apenas había dormido en los últimos cinco días. Tenía que caer. Cuando se durmió, se puso unas gafas oscuras para disimular las heridas y salió sigilosamente de la suite del hotel. Ni siquiera se llevó ropa. Se enfrentaba a una nueva vida con tan solo 36 centavos y una tarjeta de crédito para poner gasolina en las estaciones de Mobil. Enfrente había un pequeño hotel más modesto, pidió hablar con el gerente, le contó su caso y le enseñó las brechas de su cara. El hombre accedió a darle una habitación sin pagar nada por adelantado y sin tarjeta de crédito. Su abogado le mandó un billete de avión para volver a casa y algo de dinero. Durante dos largos meses, Tina se movió de un sitio a otro, sin encontrar un refugio ideal. Estuvo trabajando de sirvienta en casa de una rica mujer de Tennessee. No le importaba ser una sirvienta con tal librarse de aquel infierno y, al final, lo logró.  

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