QPS / Cultura

Nagoba, un power trío instrumental y salteño

En una entrevista con el semanario Cuarto Poder explicaron su trabajo, su música para documentales y anécdotas de la ascendente banda.

Nagoba, un power trío instrumental y salteño

Entre los tres intentan completar cada uno un fragmento de la respuesta y armar un solo relato. Ellos son Emilio Lombardo, Pablo Soler y Juan Soto. 

Soler comenta que a principios de 2011 se juntaron con Soto, que trata de hacer memoria: “Yo me acuerdo que lo invitamos a él (Lombardo) ya en la época de hongos (risas). Yo me acuerdo eso posta”, a lo que Pablo agrega que “antes de eso tocamos una vuelta en O Girondo, ahí fue la primera vez con Lombardo. Y estaba André Rebuffi también”, quien en ese momento completaba la formación con un cello, pero luego iba a dejar la banda para formar parte de Descanso Eterno, donde antes Emilio era guitarrista.

“Era un ir y venir. André se fue a la primera o segunda tocada”, cuenta Lombardo que además responde a la pregunta por las primeras grabaciones de la banda: “A fines de 2011 nos hablan para que grabemos la música de un documental sobre Tastil que lo hacía Martín Valdés. Ahí es cuando grabamos por primera vez”. “Lo que hacíamos era grabar videos y de esas zapadas íbamos armando temas. Como que lo que componíamos salía de las zapadas, que eran instrumentales, así que esos fueron los temas que quedaron. No había mucha iniciativa pensada para ponerle letra a esos temas, sino que era más bien refinar las partes”, dice Soler y Soto completa: “Zapábamos un rato largo y después elegíamos una parte”.

En esa primera etapa, antes de las grabaciones que salieron luego recopiladas en un demo -cuya tapa tenía algo así como una monja medio lumpen en moto agitando la sotana al viento-, lo que hacían eran covers de otras bandas como Tool, King Crimson, Radiohead, “hacíamos unas canciones peruanas también”, comenta Pablo y Juan corrige: “¿no eran venezolanas?”, mientras Lombardo aclara que “estos changos tocaban unos temas medio raros”.

Y así como fueron variando un poco los integrantes, también variaron los instrumentos hasta encontrar la fórmula actual. Al principio -una vez definido el trío- era bajo, guitarra de nylon y cajón peruano, más que nada, “era primero un cajón solo, luego cajón y platos, luego me prestan la mitad de una bata y tenía un bombo chiquito”, dice Soto y Lombardo agrega: “que no era un bombo, era un tom”, y Juan le responde “claro, era el primer tom tirado en el piso. Él (Lombardo) tenía dos pedales, él otro. Ahí empezó el vicio”. “Era un pedal muy bueno, con ese hacía los temas de Radiohead  y hacía efectos para la voz”, dice Pablo y Emilio ahí tira la primer anécdota de la charla: “Hablaba por la guitarra, tenía el micrófono adentro y cantaba National Anthem, y la gente miraba y este le hablaba a la guitarra. (risas) Una vez tocamos en un lugar cheto, bien cheto. Toda la gente estaba comiendo y este estaba con la guitarra meta hablar”, “la gente comenzaba a irse para el fondo, para donde estaba la cocina”, se acuerda Soto.

Volviendo a los instrumentos Lombardo cuenta la suya: “en ese momento yo tocaba con guitarra de seis cuerdas. Fue por esa época que pegué la de ocho, pero no sabía tocarla y tuve que aprender a tocar ahí, a la fuerza. Yo la había visto tocar y luego la encontré y la cambié por otra viola. Esta te da los graves, dos cuerdas más. En realidad esta guitarra tiene tres cuerdas de bajo, pero yo dejé dos nomás. Está hecha para el jazz, porque podés ir haciendo el walking bass (una técnica que une las líneas de bajo con los acordes de guitarra) en una parte y la armonía en otra, pero yo nunca la toqué así. Primero le metí de ocho cuerdas de guitarra eléctrica para que suene pesada, luego cambié a dos de bajo y el resto de guitarra”.

Tocadas

Hay algo que se debe aclarar de entrada y es que Nagoba no es precisamente una banda que se caracterice por llevar ingentes cantidades de público, sino casi todo lo contrario. Hay que tener ganas de bancarse el viaje que proponen los changos, no a cualquiera le pinta sentarse a delirar un rato con esta música, y ellos lo saben. “La primera vez que tocamos en la Casa de la Cultura, que fue en el 2011, ahí comenzamos a trabajar lo audiovisual, audiorítmicas que sacábamos del winamp y entonces los changos le han puesto un micrófono y no sé qué quilombos han armado y con eso zapábamos con Malango y otro tema más para progresistas blancos…” cuenta Lombardo y cuando sale la pregunta para que se especifique qué tipo de público es éste, retruca sin asco: “Para los hippies con OSDE. En esa época éramos como más colgados, con más improvisación y era una cosa así… con más candombe, o no sé, a mí nunca me convenció, al último terminábamos tocando con cajones peruanos los tres y eso le gustaba a la gente; pero parece que con el tiempo fuimos modificando la forma de componer y ahora estamos más técnicos, más matemáticos por ahí (risas) y las chicas hippies ya no van a vernos”.

Soler se acuerda de otra intervención y tira la línea: “Una vez tocamos en un cumpleaños, al lado de un gallinero, nos ofrecieron un vestuario y tocamos detrás de un alambrado, querían que usemos algo como unas pantimedias”, a lo que Lombardo agrega “claro, esa vez nos dijeron: ‘nosotros queremos que se disfracen’ y nos pasan una ropa, no sé, unos sombreros y unas calzas.  No daba, les dijimos dejen de hinchar las pelotas, aparte hacía frío y viste como es…”. Mientras Soto se acuerda de la tocada en el memorable Pasillo, aguantadero musical que duró poco pero fue importante para la movida y estaba ubicado en la zona oeste del macrocentro capitalino “y otros lugares que nada que ver, como restaurantes, también en obras de teatro".

Fragmento de la nota de Cuarto Poder. Para leerla entera entrá aquí.

 

Comics

La despedida de un clásico: el nuevo Spiderman es negro y con raíces latinas

La despedida de un clásico: el nuevo Spiderman es... 4

Teatro

Hasta el 7 de septiembre, el teatro nacional e internacional se adueña de las salas salteñas

Hasta el 7 de septiembre, el teatro nacional e int... 0