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cine / El documental más polémico sobre el porno

¿Degradación personal o explotación laboral? 'Hot Girls Wanted', la nueva película de Netflix, se gana críticas y alabanzas por su mirada al cine X.

“Chocante”, “perturbador” o incluso “terrorífico” son calificativos que se le están aplicando con frecuencia a un filme lanzado por Netflix, producido por la actriz Rashida Jones (La red social, Parks & Recreation) y perteneciente a un subgénero poco habitual, pero más poblado de lo que parece, dentro del cine de no ficción: los documentales sobre cine porno.

El título de la película es Hot Girls Wanted, y su temática gira en torno a la pornografía amateur. Aunque ese término puede discutirse: según la Real Academia, el adjetivo de marras designa a quienes realizan actividades de manera no profesional, pero el filme dirigido por Jill Bauer y Rona Gradus describe un sector establecido dentro de la industria del cine X, que aprovecha sus bajos costes y sus altos ritmos de producción para maximizar beneficios ofreciendo escenas presuntamente improvisadas.

En principio, las autoras de Hot Girls Wanted no querían hacer un documental sobre los entresijos de la pornografía, sino sobre su periferia: investigando el consumo de cine X en los campus universitarios de EE UU, Bauer y Gradus acabaron contactando con varias chicas muy jóvenes (entre 18 y 23 años) que se incorporaron a la industria del porno a través de la red social Craigslist. Presentando a estas semiprofesionales del sexo explícito, las cineastas han obtenido una nominación al Gran Premio del Jurado en Sundance 2015, así como varias reacciones de mucho interés en la prensa mainstream.

Así, mientras que medios de habla hispana como Perú 21 apuestan por sensacionalizar su contenido (“Dinero, fama, pornografía y chicas de 18 años”, reza su titular), webs en inglés como Deadline se centran en la denuncia de “prácticas explotadoras” o (en el caso de Variety) en la forma en la que Hot Girls Wanted pone de relieve la presunta degradación personal de sus protagonistas: “Este documental le abrirá los ojos a muchos padres”, asegura esta última publicación, exponiendo cómo “cualquier jovencita con una conexión a internet y el deseo de escapar de sus circunstancias puede acabar trabajando en el porno”.

Buzzfeed, por su parte, también asegura que el filme supondrá una revelación. Pero, según su punto de vista, ésta no afectará a progenitores preocupados, sino al público del cine X: “[La película] denuncia cómo el producto que consumes (en este caso, porno amateur profesional) fue elaborado en condiciones discutibles por trabajadoras a las que, en muchos casos, se trata mal”, explica su reportaje. El texto de Buzzfeed se fija en la historia de Tressa, una de las protagonistas del filme, para constatar cómo la problemática no es de índole moral, sino laboral. Esta chica de Ohio, antigua animadora y buena estudiante, “no está en la mejor situación para negociar los términos de su actividad”, explica.

Aun sin haber visto Hot Girls Wanted (al ser un producto Netflix, la película no es accesible desde España), las referencias sobre el panorama que describe son, sí, inquietantes. Entre otras cosas, el documental describe cómo los mánagers hacen todo lo posible por quitarles ingresos a las actrices, mediante tretas como facilitarles un alojamiento a cambio de parte de sus salarios. Aun así, hay quienes consideran que Jill Bauer y Rona Gradus han abordado la historia desde el afán de victimizar a sus protagonistas, desaprovechando un buen número de posibilidades.

Chauntelle Tibbals, socióloga y estudiosa de la pornografía, es una de estas voces críticas. Desde Filmdrunk, Tibbals afirma que Hot Girls Wanted no aborda objetivamente “una industria misteriosa y compleja a la que todo el mundo le gusta marginalizar”. Cuestionando aspectos como el desdén (o la compasión afectada) hacia las profesionales del erotismo, esta crítico describe la película como “propaganda antisexo y antiporno”.

Desde la versión en inglés de Vice, la periodista Susan Elizabeth Shepard opina lo mismo: “Si buscas una crítica razonada del porno y de las condiciones laborales de sus intérpretes, no la encontrarás aquí”, escribe, antes de señalar cómo el documental se basa en datos cuestionables, omite puntos importantes acerca del marco legal de la industria en EE UU y recurre a estereotipos alarmistas. A juicio de Shepard, escenas que otros medios han encontrado desgarradoras expresan una profunda tristeza, sí, pero una tristeza enunciada “en el mismo tono que emplearía una trabajadora de Starbucks”, mal pagada y harta de su empleo precario.

¿Cuál de los dos bandos tiene razón? Difícil saberlo, dado que el porno es una industria tan vasta como la de Hollywood, en cuyo seno se dan cita mil modos y maneras de practicarla. Así pues, la experiencia de Amarna Miller nos viene pintiparada: aunque no haya podido ver Hot Girls Wanted aún, esta actriz española de cine X sabe de su existencia (“Me ha hablado sobre ella mucha gente”, explica) y ha charlado con CINEMANÍA sobre los problemas que aborda el documental.

“Algunas lo hacemos porque queremos”

“Cuando vi el tráiler, lo primero que pensé fue: ‘Esto lo ve mi madre, y se asusta”, comenta Amarna Miller, quien tiene serios reparos sobre un enfoque como el de Bauer y Gradus: “En todas las reseñas de la película se habla de explotación, y esa es una palabra un poco fuerte”, nos dice. “Se trata de una narrativa muy vieja: la de la pobre chica que entra en el cine X sin saber lo que le espera”. Lo cual hace olvidar, prosigue, “que algunos estamos en esto porque queremos”.

Hasta cierto punto, Amarna Miller sí está de acuerdo con aspectos de este enfoque. Por ejemplo, la presión sobre las intérpretes a cuenta de su imagen (“No tan diferente de la que sufre una modelo o una actriz mainstream”, aclara) y de prácticas extremas que les hacen sentirse más “como acróbatas” que como profesionales del sexo. O, también, el reclamo que puede suponer la promesa de fama fácil, sobre todo para chicas jóvenes: “El auge de internet y las redes sociales fomentan esta clase de actitudes, no sólo en el porno. Por eso necesitas mantener tu ego bajo control, y tener claro que eres una trabajadora, igual que el panadero de la esquina”.

La actriz se niega a generalizar: aunque reconoce la existencia de “abusos, problemas y aprovechados” en la industria, insiste en que cada caso es distinto, y que los juicios morales están de más cuando se pone en juego el bienestar de una persona. A su juicio, el auténtico problema reside en que el porno es “una zona gris, sin un marco legal que asegure derechos”. Y, menuda sorpresa, EE UU está mucho más avanzada que Europa en ese campo,, aunque dichos avances no vengan dados por la ley: “Allí tienen cooperativas, asociaciones que funcionan como sindicatos y un control muy fuerte contra las enfermedades de transmisión sexual. Si en Europa te sale al paso un problema, no tienes a nadie”.

Por muy mal que se las vean las chicas de Hot Girls Wanted, a este lado del Atlántico pueden darse situaciones incluso peores, si nos atenemos a lo que cuenta Amarna Miller respecto a la cuestión laboral. “Cuando empecé en el porno, yo tenía 18 años: ¿quién iba a explicarme en qué epígrafe de la seguridad social tenía que darme de alta? Y, si una productora incumple las condiciones que has pactado, ¿qué medidas puedes tomar?”, se pregunta la actriz. Aunque la realidad de aquí no sea tan acuciante como la de otros países (“Budapest es el epicentro del mal en el porno europeo: os estoy llamado desde ahí, así que sé de lo que hablo”), la experiencia de una profesional española del cine X puede ser peliaguda debido a esta falta de protección.

En todo caso, el revuelo montado en torno a Hot Girls Wanted no es exacto, insiste Miller: “El tópico de la ‘pobre chica indefensa’, cuyos padres se enteran por casualidad de que hace porno, es mentira”. ¿Qué hacer, entonces, para abordar el tema de forma racional? “El primer paso es visibilizarlo, y presentarlo en los medios generalistas como algo más allá de los clichés”, afirma, poniendo un ejemplo interesante: “Con el estreno de Cincuenta sombras de Grey, la comunidad BDSM [sadomasoquista] salió al paso para señalar que la realidad es otra, que lo suyo no es como en la película”. Los medios, por su parte, “deberían ver el porno con objetividad, y dejar de presentarlo como un lugar del que todo el mundo se avergüenza”. Y el tercer paso deberían tomarlo las consumidoras y los consumidores: “Que dejen de juzgar, y que se crean lo que decimos quienes trabajamos en esto”.

Porque, esa es otra, la industria del porno no existiría sin ese público que la consume vorazmente. Y, a buen seguro, muchísimos espectadores de Hot Girls Wanted también verán con frecuencia vídeos X. ¿Es un caso de doble moral? ¿De pereza a la hora de contrastar opiniones? Según Amarna Miller, ambas cosas son ciertas, pero también existe otro factor: “Historias así le dan al público lo que quiere ver: cuando consume porno, mucha gente busca una doble lectura en la que las actrices son desgraciadas e inestables”, plantea. Y concluye: “Al correo de mi página web llegan muchos mensajes que dicen: ‘Dentro de cinco años, ya verás cómo te arrepientes’. ¿No pueden asumir que hay gente que disfruta así de su sexualidad y de su cuerpo?”.

Fuente: Cinemania

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