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Buena noticia / Después de 25 años, volvió el cine en Güemes

Las proyecciones para niños y adultos se cumplieron a sala llena.

Después de 25 años, volvió el cine en Güemes

Con la proyección de la primera película en la sala del cine teatro perteneciente al Centro Cultural 13 de Febrero, el cine regresó a la ciudad de Gemes, luego de una prolongada ausencia de aproximadamente 25 años, cuando la última película fue proyectada en el viejo Cine Plaza, a principios de los 90.
La jornada de apertura de esta nueva etapa fue acaparada por los niños, que disfrutaron de la película Hotel Transilvania en 3D, mientras que los adultos esperaron hasta la noche para presenciar el estreno mundial de Actividad Paranormal 5.
La cómoda sala con aire acondicionado tiene capacidad para 250 personas y las entradas se vendieron en su totalidad para los estrenos, por lo que se espera una cantidad similar de espectadores para este fin de semana.
La historia del cine en Gemes comienza a mediados de los años 60, siendo uno de los primeros operadores de cine José Gallardo, quien trabajara en el rubro hasta la decadencia final de las salas.
La primera sala se llamó Ideal y pertenecía a la familia Mauriño; originalmente estaba ubicada sobre calle Saravia primera cuadra y luego pasaría a otro local sobre calle San Martín frente a la plaza central, adoptando el nombre de Cine Plaza.
Un segundo cine aparecería años más tarde en el panorama gemense, instalándose sobre calle Alem, que fue traído desde Jujuy por la familia Coronel. Este cine sería comprado luego por la familia local Sachi, quienes a la postre se harían cargo de las dos salas hasta su cierre definitivo.
Rubén Gallardo (52) hijo de don José, comenzó a trabajar en la industria del cine a los 10 años junto a su padre en el Plaza. Allí aprendió a operar las máquinas proyectoras y se convirtió en el último operador. "Me tocó la dura tarea de desarmar y embalar los proyectores, las cintas y cerrar las puertas del Plaza para siempre, porque ya no había clientes. Las películas en video reemplazaron a los cines", recordó con mucha nostalgia.
Pero sus 24 años de trabajo en los cines le dejaron muchas anécdotas para contar. "Era un trabajo muy duro, cada película tenía 12 cintas para pasar, teníamos que revisarlas todas para encontrar fallas. Además, los proyectores se recalentaban, los carbones se separaban, todo esto producía cortes y cuando eso pasaba recibíamos insultos, Para colmo, como todos nos conocíamos en el pueblo, lo hacían con mi nombre. Teníamos que estar muy pendientes de nuestro trabajo, cambiar las cintas sin que se note, que la proyección caiga sobre el telón, todo esto en un cuartito caluroso y sin mucha visión del exterior", contó sobre sus días de operador, con una sonrisa en sus labios.
El trabajo era de tiempo completo, recuerda. "Yo ingresaba a las 14 y salía de madrugada, cuando había trasnoche. A veces las películas llegaban por colectivo y sobre la hora, cuando ya el público estaba impaciente en la sala. Así que pasábamos las cintas como llegaban y varias veces vinieron los rollos cambiados, por lo que comenzábamos la película por la mitad y después poníamos la primera parte y nadie entendía nada", cuenta entre risas.

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