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34 años de Malvinas / "Nos embarcaron en una locura", el doloroso relato de un sobreviviente

Un homenaje para todos los héroes de la patria de la mano del veterano Saúl Wilfredo Pérez, el soldado que sostiene el diario Crónica en la emblemática fotografía tomada en las islas.

"Nos embarcaron en una locura", el doloroso relato de un sobreviviente

Hay que contenerse para tratar de que la emoción del periodista frente a esta nota no se convierta en lo más importante. Es necesario entender que el único protagonista es Saúl Pérez, “el soldado de la foto”, como lo llamamos durante años al conscripto clase 62 que en plena Guerra de Malvinas apareció leyendoCrónica, en la base aérea de Puerto Argentino.

Es preciso saber que, aunque no es lo importante, a quien esto firma, en más de una oportunidad, durante el transcurso de la charla, se le hizo un nudo en la garganta al escuchar el relato de alguien que parece no haber regresado de nuestras Islas.

El verdadero dueño de la historia es él. “No bien me enteré del conflicto, imaginé que me iban a incorporar”,dice Saúl recordando la mañana en que llegó la citación a su casa de Merlo, localidad donde aún sigue viviendo. “La carta la recibieron mis padres y si bien ellos se pusieron nerviosos, lo tomé con total naturalidad. Claro está que no sabía todo lo que iba a llegar después”.

Pérez había sido dado de baja semanas atrás tras cumplir con el servicio militar en el Regimiento 6 de Mercedes. “Por eso supuse que me llamarían. Me presenté y me subieron a un avión, que primero fue a Río Gallegos y luego partió en un Hércules hacia un lugar desconocido”.

-¿No sabían que iban al Atlántico Sur? 
-Para nada. Cuando aterrizamos y se abrieron las puertas del avión vi un cartel que decía Islas Malvinas. Ahí me enteré donde estábamos. La imagen en la que aparece Saúl fue tomada por Eduardo Farré, uno de los fotógrafos enviados por la agencia Télam al conflicto bélico. Allí aparecen varios soldados, entre ellos nuestro entrevistado leyendo Crónica. “Ese día, Galtieri y otros funcionarios del gobierno de facto visitaron las Islas. Llegaron varios periodistas y bajaron diarios y revistas. Cuando vi que estaba ‘Crónica’, lo agarré, Por lo que significaba el diario, era una manera de estar junto a mis viejos. Vi que sacaban fotos pero no les di bolilla”, comenta Pérez, que agrega: “Gracias a esa imagen mis padres, que no tenían noticias mías, supieron que estaba vivo. Es más, papá fue al edificio del diario en la calle Garay y allí le dieron una copia de la foto”.

-¿Había miedo entre los soldados?
- No, al contrario. Todos nos sentíamos orgullosos de estar en ese lugar. No escuché un solo reproche. Lógico, después vinieron otras cosas y uno fue advirtiendo la locura en la que nos embarcaron. Éramos chicos, muy pibes, algunos ni siquiera habían tenido relaciones sexuales Era otra juventud muy distinta a la de hoy, donde los adolescentes descubren las cosas mucho más rápido. Tamaña inocencia ante fuerzas equipadas con sofisticados armamentos y personal altamente capacitado marcó la diferencia. Pero de todos modos, yo nunca me rendí.

- Se habló mucho de las condiciones en que vivieron esos 70 días. 
-No teníamos nada. Comíamos agua con fideos, que encima estaban fríos. En mi caso estaba en una trinchera húmeda y con ropa no adecuada para los 15º bajo cero que hacía. Nos ayudábamos entre nosotros, nos dábamos ánimo.

-¿Cómo fue que te hirieron? 
- Ese 14 de junio fue terrible. Las bombas caían como lluvia y no exagero en lo más mínimo. El ataque era constante. Como dije, estábamos en un pozo y en un momento donde pareció que el asedio cedía, salí de la trinchera para lavarme un poco la cara. Cuando regresaba al lugar, una bomba estalló cerca y me produjo una herida grave en la pierna izquierda. Mis compañeros me arrojaron al hueco, después me trasladaron al hospital de Puerto Argentino y luego en el buque Almirante Irízar, al continente. Estuve 30 días internado en Campo de Mayo.

-¿Qué imágenes te quedan de ese día? 
- El caos de lo que era ese hospital con gente llorando o gritando. Recuerdo que muchos pedían por su mamá. Encima faltaba de todo. Por ejemplo, no había calmantes ni morfina. Fue tremendo. Imposible sacar de mis retinas todo eso.

Un pedazo de su vida

“No miento cuando digo que ‘Crónica’ es un pedazo de mi vida. Y no lo señalo solo por la foto, sino porque entró en mi casa desde que era muy chico. Mi viejo se levantaba a las 5 de la mañana para ir a trabajar y volvía pasada las 22. Cuando entraba en casa lo hacía con ‘Crónica’ en la mano. Es más, tengo la imagen de su saludo y el diario doblado con el que nos daba un chirlo”.

Saúl comenta que ese día en el aeropuerto de Malvinas, se sintió cerca de los suyos al leer su diario. “Para nosotros es una marca registrada. Gracias a Dios tengo a mis viejos vivos y lo siguen leyendo. Por eso este recuerdo es muy especial”.

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