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La nueva inmigración / En busca de una vida mejor, cada semana 600 venezolanos llegan para vivir en el país

Equivale a casi cuatro por hora y 86 por semanas. Son datos del registro de Migraciones.

En busca de una vida mejor, cada semana 600 venezolanos llegan para vivir en el país

Se hartaron de no conseguir alimentos básicos. De la falta de medicamentos, de la hiperinflación, de la creciente violencia y de una extrema división social. Pero sobre todo de sentir que, aún trabajando duro, no lograban progresar. Por la crisis en su país, un verdadero aluvión de venezolanos decidieron dejarlo todo e irse a vivir a otras partes del mundo en busca de un mejor futuro, fenómeno que ya causó una ola migratoria récord hacia la Argentina.

Sólo en los primeros seis meses de este año los trámites de radicación de venezolanos superaron en un 20% a los completados en todo el 2016 y casi sextuplicaron los registrados en 2014, según datos a los que accedió Clarín de la Dirección Nacional de Migraciones del Ministerio del Interior.

En concreto, se aprobó en lo que va de este año (hasta junio) que se instalen 15.422 venezolanos, a un ritmo récord de 600 por semana, 86 por día o 3,6 por hora. Por mes fueron 2.570, un promedio 139% mayor al del año pasado (1.072), que quintuplica el detectado en 2015 (482) y multiplica por 13 el de 2013 (190), el año de la muerte de Hugo Chávez.

Además, el 87,5% las radicaciones son "temporales": es decir, las que se les da a los recién llegados, hasta que cumplan dos años en el país y puedan pedir la "permanente". Según Migraciones, el 74,5% de los que se radican tienen entre 22 y 42 años, y 6 de cada 10 traen estudios superiores.

"Cada vez son más los que usan sus últimos ahorros en los pasajes y vienen buscando vivir tranquilos, con lo mínimo: alimentos, educación, salud. Aunque muchos son universitarios, al inicio trabajan de lo que pueden, como choferes, meseros o en call centers", explica Vincenzo Pensa Terán, líder de la Asociación de Venezolanos en Argentina (Asoven).

Lo duro de "empezar de cero" lejos de los afectos -y temiendo por sus vidas- es la constante entre siete venezolanos recién emigrados que contaron su historia a Clarín. Como Juan Eduardo Fernández, periodista de 38 años, que dejó una exitosa carrera en Caracas para emigrar en familia a Buenos Aires. "Hoy trabajo 12 horas al día en dos call centers, pero veo a mis hijos teniendo una vida normal y siento que todo valió la pena", expresa.

Daniela Quijada (28), llegada hace dos meses y medio, tiene dos posgrados en ciencia política y era dueña de una pequeña empresa en Maracay, pero acá debió arrancar como empleada en un call center y como niñera. "Mi estilo de vida cambió por completo -asegura-, pero allá la situación se había vuelto intolerable."

"En Caracas el sueldo ya no alcanzaba y la inseguridad era terrible, no sabías cada día si volvías viva a tu casa", dice Nayla Delgado, una ingeniera química de 29 años que hace 9 meses se las rebusca en Buenos Aires con un emprendimiento de pastelería junto a su hermana Naymar (26), licenciada en Biología.

Así, los recién llegados van instalándose, en general con dos objetivos: enviar ayuda a la parte de la familia que se quedó allá y ahorrar para poder traerlos cuanto antes, algo cada vez más complicado por a medida que más líneas aéreas abandonan Venezuela.

Una de las razones por las que eligen la Argentina es que que los trámites migratorios les resultan sencillos. Como parte de los acuerdos del Mercosur, deben presentar un documento de identidad y certificar que no tienen antecedentes penales en su país. Los requisitos no cambian tras la "suspensión política" votada ayer por el bloque, confirman fuentes oficiales.

"Nos ocupamos de la radicación de venezolanos como lo hacemos con todos, si vienen a trabajar o estudiar y aportar al país”, explica a Clarín Horacio García, director Nacional de Migraciones. "Por supuesto -agrega-, apelamos también al sentido humanitario para atender los trámites de los ciudadanos de Venezuela, así como la Argentina se ocupó de los haitianos afectados por el terremoto o de quienes buscan escapar del conflicto bélico en Siria."

Se estima que en junio ya había en Argentina al menos 30.000 venezolanos. Pero la perspectiva es que en sólo seis meses eso ahora se duplique. "El movimiento que estamos viendo nos hace suponer que en el segundo semestre se radicarán otros 30.000. Es un verdadero éxodo y ahora el desafío es cómo integrarlos para que sirvan para el crecimiento de nuestro país", asegura la diputada por Unión Pro Cornelia Schmidt Liermann, presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores.

En Asoven, entidad fundada hace 18 años, el foco pasó en poco tiempo de las actividades culturales a dedicar casi todos sus esfuerzos en ayudar a los recién llegados, aunque también a asesorar a los migrantes que vendrán. "Preguntan cómo llegar, cómo conseguir vivienda y trabajo. Estamos recibiendo tantas consultas que no damos abasto para responderlas todas", cierra Pensa Terán.

En busca de una vida mejor, cada semana 600 venezolanos llegan para vivir en el país 

Laudi Abreu primero emigró sola y trabajó para poder traer a Buenos Aires también a sus tres hijas. Ahora busca sacar de Venezuela a su hermana y sus sobrinas. (Foto: David Fernández)

Vivía en Táchira, al oeste de Venezuela, y ya en 2013 no veía buenas perspectivas. Por eso, Laudi Abreu apostó a la Argentina. "Vine para darles un futuro a mis hijas", explica. Primero llegó sola y trabajó duro para enviarles dinero, además de productos como shampoo y pasta dental, que ya escaseaban. Hasta que al fin logró que sus hijas pudieran emigrar también.

"Por suerte conseguimos vacantes en escuelas públicas y en el sistema de salud también nos trataron muy bien", destaca. Y cuenta que consiguió trabajo en una empresa de mudanzas, además de tener un emprendimiento de alquiler de livings para eventos.

Ahora, su preocupación está en la situación de su hermana y sus dos sobrinas que están en Venezuela, a quienes quiere ayudar a llegar a emigrar también. "Cuando puedo les envío algo de dinero para que puedan subsistir, aunque a veces no consiguen qué comprar", dice.

"Mi familia vive en Cúcuta y no consigue medicamentos ni alimentos. Tienen que cruzar a Colombia para comprar lo básico y encima pagarlo el triple de lo que cuesta. Mi abuela fue afectada por gases lacrimógenos y cuando hay enfrentamientos tratan de no salir de la casa. Así no se puede vivir", lamenta.

En busca de una vida mejor, cada semana 600 venezolanos llegan para vivir en el país

Carlos Goncalves llegó a la Argentina hace 10 meses y consiguió trabajo como empleado en un taller gráfico. (Foto: Emiliana Miguélez)

"La vida cotidiana en Venezuela se había tornado muy cuesta arriba", explica Carlos Goncalves, un diseñador gráfico que abandonó Los Teques -ciudad cercana a Caracas- hace 10 meses y llegó con su novia a la Argentina. "Ni teniendo el dinero muchas veces podías conseguir un paquete de arroz, azúcar, harina, pan, carne, papel higiénico, pasta dental, shampoo, crema de enjuague... eso no es vida", afirma.

Cuenta también que, aunque era dueño de una empresa y trabajaba más de 10 horas diarias, estaba ganando apenas 200 o 250 dólares mensuales. "Llevaba 10 años luchando sin poder independizarme, formar un hogar y progresar. Todo eso me llevó a tomar la decisión de irme del país", recuerda.

En Buenos Aires él consiguió trabajo en una imprenta y su novia, Natacha (29), en un canal de televisión. "Más que volver -afirma-, hoy pienso en traer a mi familia y a la de mi novia, para que disfruten una vida digna como la que al fin estamos teniendo acá. No sabemos si lo lograremos en seis meses o en 1 año, 2 o 5, pero sacarlos de ese desastre es nuestro máximo objetivo."

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Nayla llegó a Buenos Aires con su hermana hace 9 meses. "Vinimos en busca de un futuro mejor", dice. (Foto David Fernández)

"En Caracas, donde vivían, la crisis obligó a al padre de ambas a cerrar su empresa. A los problemas económicos se sumó una creciente inseguridad y todo eso aceleró una decisión que Nayla -ingeniera química- su hermana Naymar -bióloga- ya tenían tomada: emigrar a la Argentina "para tener un mejor futuro".

"Yo trabajaba en una consultora en ingeniería y en su supermercado, pero el sueldo no alcanzaba y la violencia empezó a crecer. Ya no se podía salir después de las 18 por la inseguridad, una no sabía realmente si iba a volver viva cada día", contó.

Llegaron a Buenos Aires en noviembre pasado y desde entonces sobreviven vendiendo productos de pastelería que ellas mismas fabrican en su casa.

"Las noticias que llegan son muy duras y es tremendo que todos tus seres queridos estén allá -comenta-. Hoy apenas nos podemos mantener, pero nuestra idea es enviarles dinero para que al menos puedan tener lo básico. Y luego, cuando todo mejore, queremos regresar y ayudar a levantar el país."

En busca de una vida mejor, cada semana 600 venezolanos llegan para vivir en el país

Daniela Quijada llegó a la Argentina hace dos meses y medio, desde Maracay. "En Venezuela la plata nunca alcanzaba", explica.

En Maracay, donde vivía hasta hace 3 meses, era dueña de una empresa de consultoría, en la que ejercía su profesión de comunicadora con dos posgrados en Comunicación Política y Ciencias Políticas. Pero Daniela Quijada decidió mudarse sola a la Argentina, país que ya conocía, ante una crisis que "empezó a apretar más de lo tolerable", según define.

"Me alojo en un apartamento de una señora grande que me alquila una habitación, en Almagro", cuenta. Y explica que la experiencia le resultó "mucho más dura" de lo que imaginaba: "Te cambia el estilo de vida por completo, te hace reestructurarte como ser humano completamente".

Al principio debió como mesera en un bar, pero no lo resistió: "El horario era terrible", recuerda. Luego consiguió un puesto en un call center y como vendedora en una tienda de electrónica, ingresos que complementa eventualmente cuidando niños a domicilio. "De mi especialidad, por ahora, sólo conseguí changas. Tengo conocidos acá que ya habían venido antes, y en general les pasó lo mismo: todos están trabajando de otras cosas que no son su profesión", señala.

"Ver las noticias que llega de Venezuela me da una impotencia profunda por mi familia que está allí. Tengo miedo por ellos, que a veces se encierran en el baño para que no les entre el gas lacrimógeno. La situación es terrible -cierra-, pero confío que en algún momento, lentamente, Venezuela va a repuntar."

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