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Las 6 reglas que tenés que cumplir si querés tener "amigos con derechos"

No hay cumpleaños del cuñado ni cena con los suegros, no hay discusiones sobre elecciones de vida, no te quieren cambiar nada ni querés cambiar nada del otro.

Imaginemos una relación perfecta, donde sólo existen las partes buenas: el sexo, las risas, mirar una película juntos o tomar una cerveza en el bar de la esquina. Tener un amigo con derechos es la fantasía de esa relación sin conflictos, donde sólo existe lo bueno y lo divertido. 



Es como querer ir al Casino con una fórmula ganadora de la ruleta y pensar que te vas a volver a casa con mucha plata y sin perder nada. Puede ser que tengas suerte alguna que otra vez, pero en el fondo, es una trampa.



Así y todo, Clarín hizo una lista de consejos para quienes quieran intentarlo en sus casas: como en la película “El club de la pelea” la primera regla es “no hablar de tu amigo con derechos”. Si empezamos a analizar lo que dijo, hizo o pudo haber hecho, creamos alrededor de la relación un drama que no es el objetivo. Vivila, disfrutala y dejá en paz al resto de tus amigas.



La segunda regla es que no hay reglas. Todo se puede acordar, pero cumplirlo es más difícil que empezar la dieta un lunes. No es porque no se quiera, sino porque no hay nada más ridículo que decidir de común acuerdo no enamorarse. Sólo alguien que nunca se enamoró puede pensar eso. El resto de los mortales no sabemos lo que vamos a sentir siquiera dentro de un rato.



La tercera regla es que hay que tener en cuenta los efectos colaterales. Eventualmente la amistad con tu amigo con derechos se va a perder, así que sólo son elegibles aquellos que pueden ser descartados de nuestras vidas. Si tenés una de esas relaciones en las que comparten todo, mejor evitar “los derechos” porque cuando se termine el duelo no será por el amante, sino por el amigo. ¿Escucharon alguna vez del síndrome del miembro fantasma? Es cuando, por ejemplo, una persona pierde una pierna y, aunque no esté conectada al cuerpo, siente como si lo estuviera. Lo mismo pasa con los amigos que no están, durante un tiempo te queda el impulso de llamarlo y contarle alguna estupidez.



La cuarta regla es que una relación con derecho a sexo no tiene derecho a casi todo lo demás y eso puede ser usado en tu contra.



La quinta regla es que el primero que se enamora, pierde. Si creés que la relación dejó de ser liviana y libre de conflictos, emprendé la retirada. Soldado que huye, sirve para otra batalla.



La sexta regla es que ser sexy no es el objetivo. ¿Qué te importa si tenés unos kilos de más o no tuviste tiempo de depilarte?



Por último hay que saber que, sin importar el resultado final, en el amor y en la guerra siempre se pierde. Si aún así estás dispuesta a probarlo, contanos tu experiencia y a lo mejor nosotras también podemos aprender. 

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