Sociedad
Una historia oculta

La verdad sobre la vida de esclavas sexuales en campos de concentración nazis

La historia tiene sus manchas, oscuras cicatrices que muchos prefieren olvidar. Cosas ocultas que solo se descubren varias décadas después, de poco a poco.

La época del fascismo dejó su mella en la historia. Sus víctimas y descendientes aún conservan en la memoria los recuerdos de crímenes impensables, que escapan a la conciencia humana. Mucho de lo que sucedió en esa época ya se conoce, sin embargo, ciertos pasajes han conseguido mantenerse a la sombra.



Hablamos de las esclavas sexuales del fascismo, mujeres que se vieron obligadas a trabajar en ciertas instituciones especiales: los burdeles de los campos de concentración.



Recientes descubrimientos demostraron que estos cabarets no solo servían a los soldados de Wehrmacht, sino también a ciertos prisioneros de los campos de concentración, "premiados" por buena conducta y buen trabajo.





Este tipo de incentivo se introdujo a finales de 1942 por decreto del Reichsführer-SS Himmler. Cuando algún prisionero demostraba ser un verdadero maestro en su oficio, los líderes del campo de concentración intentaban protegerlo, e incluso le pagaban algún pequeño salario monetario.



Esos afortunados prisioneros podían gastar su dinero en comida, cigarrillos, o incluso, visitar un burdel. 15 minutos con una sacerdotisa del amor valían 2 marcos (en comparación: un paquete de cigarrillos costaba 3 marcos). Sin embargo, estos privilegios no se aplicaban a los judios.





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